Hace un tiempo tuve la oportunidad de visitar el restaurante de Juan Mari Arzak. Era una ocasión familiar especial. Y hay algo que quiero destacar, pese a la emoción que sentíamos y a la expectación que cada uno nos habíamos creado, la comida fue muy especial.

Respecto a los platos seguro que habréis tenido la oportunidad de leer numerosas críticas gastronómicas que os ilustrarán mejor que yo. Hoy quiero hablaros de todo lo que supuso el almuerzo. Desde que llegamos, con reserva hecha, nos recibieron con gran cariño, nos escucharon y nos presentaron los platos con respeto, como si esperarán nuestros comentarios. Saludamos a Juan Mari y su hija, Elena. Entrañables. La cocina es sin duda su pasión, y compartirla les hace felices. Así que tras nuestra visita al restaurante todos concluimos que vivimos una experiencia auténtica. Son hospitalarios y te reciben en su casa con las puertas abiertas, para que tomes lo que han creado para ti, para que lo experimentes y lo sientas. Para que revivas la emoción de cada plato y cada copa.
Es una experiencia singular, y está basada en la autenticidad, es una forma diferente de lujo.

Como es hoy un lujo ser capaces de transformarnos en lo que deseamos mediante la medicina estética, siempre que la transformación no nos reste autenticidad, no nos quite «lo que nos hace diferentes». Porque lo que yo puedo ofrecer a cada uno de mis pacientes ha de sumar a su personalidad, y no restar. Y porque en la autenticidad y diferencia reside la clave de nuestro atractivo. ¿Estás de acuerdo?

 

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