Cuando era pequeña coleccionaba álbumes de las tribus mas raras y exóticas del mundo (era uno de nuestros pasatiempos) y entre ellas me llamó siempre la atención “las mujeres jirafa”, eran mis coleccionables preferidos, por el colorido de sus atuendos y por que nos contaban que llevaban aros en el cuello de metal como adornos que les hacían los cuellos largos y se asemejaban a las jirafas, de ahí que se les llamaran así. 

Nunca me pude imaginar que aun existieran en la actualidad, además siempre pensé (ingenua de mi…) que eran libres de ponerse o quitarse esos adornos del cuello (y que también llevan en las rodillas). 

En uno de mis últimos viajes, en Tailandia, supe que era posible visitar un poblado de estas mujeres y me hizo muchísima ilusión, no podía dejar de ir a verlas, estaba como una niña pequeña deseando que  llegara el momento. 

 

 

Fue muy emotivo para mi, por que por un lado, sentía  ganas de ver algo que desde niña había admirado por su rareza y nunca creí que pudiera llegar a ver directamente y sin embargo cuando estaba allí  y pude conocer su historia, el sentimiento era de pena, tristeza e impotencia. Resulta que son mujeres de origen birmano que huyen hasta Tailandia donde son refugiadas pero a cambio las obligan a conservar sus costumbres para ser expuestas a los visitantes curiosos como yo, como si de un zoo humano se tratara que le reporta al Estado unos buenos beneficios turísticos. 

Sus costumbres implican que desde los 5 años a los 25 les van añadiendo un aro de metal pesado en el cuello cada año y terminan llevando un peso increíble sobre los hombros que jamas se lo quitan, ni para dormir, por que no pueden y solo se lo quitaran al morir, entonces quedaran guardados esos aros en su recuerdo. También son obsequiadas por sus padres con mas aros que ponen en sus rodillas. Tras conocer esta triste historia y ver que también había niñas, tuve esa sensación de impotencia y de rabia por que soy mujer y siempre somos las víctimas en todas las sociedades, donde se nos imponen estilos de vida, normas, adornos etc y en este caso ademas existe un componente de daño a la salud importante para esas mujeres y esas niñas. 

 

 

Como médico quedé horrorizada y como persona me produjo tristeza. 

Quiero compartirlo con tod@s vosotr@s por qué eso me hizo recordar lo afortunadas que somos, y valorar a nuestras antepasados que fueron capaces de luchar contra todo y todos, para proporcionarnos la libertad que hoy tenemos y que debemos seguir fomentando, valorando y manteniendo a pesar de las costumbres, las religiones, o las modas. Libertad para decidir y elegir lo que queremos y lo que hacemos.

Dra. Virtudes Ruiz

2 Comentarios

  1. Totalmente de acuerdo Dra! Vivimos en una sociedad que a veces nos horroriza, pero que comparado con otras (como la q relatas) somos unas privilegiadas. Aún queda muchos siglos de trabajo por hacer! Gracias por contarnos tu experiencia, que sin duda fue inolvidable.

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